|
vauban
Sèbastien Le Prestre de Vauban (Saint-Lèger-de-Fougeret, 1633-París, 1707), fue un militar, ingeniero y economista francés, que sobre todo destacó en el campo de la ingeniería militar como conquistador y constructor de fortificaciones. Como economista se encuadró entre los fisiocratas, siendo además uno de los fundadores de la estadística. Arquetipo de hombre honesto del siglo XVII, escribió, sin publicar casi nada, durante su vida numerosos tratados de muy diversas materias (ciencias, economía, agricultura, construcción o táctica militar). Vauban fue uno de esos hombres que destacan en todo lo que hace siendo sus aportaciones a los campos en que trabajó muy importantes, aunque realmente su gran fama es la de ser el más importante ingeniero militar de Francia, y uno de los más grandes de la historia; de ahí que aún se recuerda el dicho: ciudad asediada por Vauban, ciudad tomada; ciudad defendida por Vauban, ciudad inexpugnable. Su ciudad natal, Saint-Lèger-de-Fougeret, hoy se llama, en su honor, Saint-Lèger-Vauban.
Nació el 1 de mayo de 1633 en el seno de una familia de la pequeña nobleza. A los diecisiete años ingresó en el ejercito del príncipe Condé, participando en combate en la rebelión de La Fronda (1648-1652), llegando a caer prisionero. Después fue convocado al ejército del Cardenal Mazarino, dónde fue asignado al Comisariado General de las Fortificaciones. En 1655 pasó a servir como ingeniero ordinario del Rey Luis XIV. En 1653 dirigió su primer asedio: el de Clermont-en-Argonne, y hasta el añó 1659, llegó a dirigir hasta catorce asedios, en los que fue herido de gravedad varias veces.
En 1667, Durante la invasión francesa el en Flandes español, dirigió con éxito los asedios de Tournai, Lille y Douai. Llamó entonces poderosamente la atención del Rey, y fue encargado de dirigir los grandes asedios de Holanda y de construir las fortalezas en Flandes, como son las de Arras y de Lille. El recomendó un sistema, no solamente para fortificar las ciudades, sino para organizar los distintos tipos de fortificaciones a lo largo del territorio del reino, para defenderlo eficazmente en una doble línea.
En junio de 1673, su fama se vio acrecentada con otro gran éxito: se conquistó Maastricht tras un asedio dirigido por él. En el asedio de Maastricht tuvo ocasión de demostrar sus métodos de ataque, entre ellas algunas aplicaciones de sus teorías de tiro, con las que redujo notablemente el número de bajas entre soldados. La plaza enemiga se rindió tras trece días de haber abierto una brecha en ella. Vauban denunció aquí la práctica de los soldados de la época de exponerse inútilmente al fuego enemigo. Por cierto, el famoso d’Artagnan, encontró la muerte en este asedio cuando atacaba un bastión enemigo en una descubierta.
En 1678, tras la Paz de Nimègue, fue nombrado Comisario General de Fortificaciones, y fue ayudante de Louvois y de Colbert, quienes le encargaron transformar y construir las fortalezas de Francia. Comenzando entonces un periodo en el que llenó las regiones francesas que van de Dunkerke al Roussillon de fortificaciones importantísimas. Entre 1679 y 1688, año en el que fue nombrado Teniente General, se considera que había recorrido unos 4.000, de territorio francés, construyendo o reformando fortalezas. En total, al final de su vida se calcula que recorrío unos 180.000 km., y considerando los medios de transporte de la época es por si mismo una proeza. Construyó, reformó y adaptó fortalezas en, Rousillón, Villefrnache-de-Conflent, le Fort Liberia, le Perthus, Mont-Louis, Prats-de-Mollot, Colliure, Salses, y muchas otras. Muchas de ellas habían sido construidas por España, pero hoy se recuerdan por su trabajo en ellas. Esto es especialmente relevante en los Pirineos Orientales, región sembrada de ciudades fortaleza y torres vigía, ya que es una zona de extraordinaria importancia estratégica y comercial, cuya defensa Vauban supo consolidar, siendo un claro ejemplo la ciudad de Perpignan. Destacan en este periodo las ciudadelas de Estrasburgo y de Metz ambas construidas en 1681.
La ciudadela de Perpignan
En 1687 fortificó la plaza de Landau, en Baviera. En 1688 fue nombrado General de Corps del Ejércitó. En 1691 dirigió el asedio de Mons. En 1692 el de Namur. Ambas acrecentaron su fama, ya que en estos asedios, las bajas entre sus hombres, como ejército atacante, fueron entre diez y veinte menos, que las que tuvieron los defensores de ciudades y las fortalezas.
Tras la guerra de la Liga de Habsburgo, el 14 de Enero de 1703, fue elevado a la dignidad de Mariscal de Francia, nombramiento cumbre de una carrera militar en la que su gran habilidad en los asedios y su gran talento como defensor le habían proporcionado un total de 53 plazas conquistadas, habiendo transformado 302 plazas fuertes y construido 34 de nueva planta, un honor, en definitiva, que culminaba una vida dedicada al servicio de su país y de su Rey, Luis XIV. Un Rey del que, sin embargo, Vauban hacía tiempo que había perdido el favor, ya que, conmovido por los problemas sociales que habían generado en Francia las modificaciones que poco a poco se habían introducido al Edicto de Nantes, y su definitiva revocación en 1685, así como la gran miseria que sufría la población francesa, Vauban se había opuesto abiertamente a la política su política. En 1698 había escrito Recuerdo de los Hugonotes, exhortando al Rey a reconsiderar su postura. En 1705 propuso un sistema de unificación de impuestos, que el gobierno rechazó. En su compromiso con la libertad y en su abierta oposición a la despótica política de Luis XIV, se refleja la grandeza de su corazón.
Murió el 30 de marzo de 1707, a las diez de la mañana, en su casa de París, situada cerca del jardín de las Tullerías. Se celebró su funeral en la cercana parroquia de Saint-Roch, recibiendo sepultura en la iglesia parroquial de Bazoches, cerca de su castillo, a 15 kilometros al sur de Vézaly. Su corazón fue transportado el 28 de mayo de 1808 a la iglesia de Dôme aux Invalides de París, donde reposa bajo un monumento, entre los más grandes mariscales e Francia.
Vauban, en resumen fue un gran hombre, liberal y con talento, un ingeniero y un científico. No fue un tratadista propiamente dicho, ya que apenas publicó sus escritos, que sin embargo, son bien conocidos, e incluso han sido aplicados a la estrategia militar del arma de ingenieros del ejército español desde el siglo XIX. Hoy día conocemos El Sistema Vauban de fortificaciones, en el que se establecen y desarrollan los criterios para construir racionalmente fortalezas, y que son la correcta situación de los depósitos de pólvora, los baluartes de defensa, la construcción de murallas concéntricas, las cortinas abaluartadas, los fosos de agua, las estacadas y pasajes subterráneos o la ampliación de las vías internas para maniobras, etc. Aunque, en realidad, él nunca dictó un sistema propiamente dicho, ya que desarrollaba cada proyecto independientemente adecuando sus ideas en cada caso.
Enunció teorías importantísimas sobre la construcción de fortificaciones, que construía en una célebre forma de estrella, conocida como La estrella de Vauban, y también desarrolló numerosos cálculos y sistemas constructivos para muros de defensa, sus espesores, sus cimentaciones forma de los contrafuertes y demás detalles. Pero también trabajó en el campo de la táctica puramente bélica, enunciando teorías sobre el tiro de armas de fuego que puso en práctica con éxito. Inventó en 1687 la bayoneta de anillo de fijación hueco, que supuso un extraordinario avance ya que permitía disparar e mosquetón con la bayoneta calada en el cañón.
En los escritos de Vauban podemos conocer la preocupación que tenía en lograr una eficacia en el trabajo, desde el punto de vista de la ingeniería, estableciendo principios como
- Toda modificación de la obra respecto a los planos debía ser consultada con el ingeniero jefe. - Se debía llevar un riguroso control sobre los precios unitarios. - Había que llevar a cabo una selección del personal de mano de obra, teniendo en cuenta sus grados de especialización. - Existía una preocupación por los detalles técnicos: confección de morteros, ensamblaje de piedras y maderas, etc. - Se llevaba a cabo un control sobre las horas de trabajo, las pausas, las previsiones de seguridad, los salarios y la jerarquización de las funciones.
Su extraordinario sentido común, su inteligencia, su gran conocimiento de la realidad y su integridad, le hicieron, cuando se encontraba en la ciudad de Belle-îlle-en-Mer, construyendo la ciudadela que actualmente se conserva en perfecto estado, dirigirse a su superior, François Michel le Teiller, Marqués de Louvouis, a la sazón, Ministro de la Guerra de Luis XIV, escribiendo la siguiente carta:
Belle-île-en-mer, 17 juillet de l’an de grâce 1685
A Monsieur de Louvois Monseigneur, Il y a quelques queues d'ouvrages des années dernières qui ne sont point finies et qui ne finiront point, et tout cela Monseigneur, par la confusion que causent les fréquents rabais qui se font dans vos ouvrages car il est certain que toutes ces ruptures de marchés, manquements de parole et renouvellements d'adjudications ne servent qu'à vous attirer comme entrepreneurs tous les misérables qui ne savent où donner de la tête, les fripons et les ignorants, et à faire fuir tous ceux qui ont de quoi et qui sont capables de conduire une entreprise. Je dis plus qu'elles retardent et renchérissent considérablement les ouvrages qui n'en sont que plus mauvais, car ces rabais et bons marchés tant recherchés sont imaginaires, d'autant qu'il est d'un entrepreneur qui se perd comme d'un homme qui se noie qui se prend à tout ce qu'il peut : or, se prendre à tout ce qu'on peut en matière d'entrepreneur, c'est ne pas payer les marchands chez qui il prend les matériaux, mal payer les ouvriers qu'il emploie, friponner ceux qu'il peut, n'avoir que les plus mauvais parce qu'ils se donnent à meilleur marché que les autres, n'employer que les plus méchants matériaux, chicaner sur toutes choses et toujours crier miséricorde contre celui-ci et celui-là. En voilà assez, Monseigneur, pour vous faire voir l'imperfection de cette conduite: quittez-là donc et, au nom de Dieu rétablissez la bonne foi, donnez le prix des ouvrages et ne refusez pas un honnête salaire à un entrepreneur qui s'acquittera de son devoir, ce sera toujours le meilleur marché que vous puissiez trouver. Quant à moi, Monseigneur, je reste assurément de tout cœur. Votre très humble et très obéissant serviteur.
Vauban.
Esta carta, podría haberse escrito hoy mismo, ya que, como se ve, los postulados de Vauban, no han perdido vigencia. Por su indudable interés histórico y anecdótico he creído conveniente reproducirla en su lengua original. He aquí su traducción al castellano:
Belle-île-en-mer, 17 de julio del año de gracia de 1685
Al Señor de Louvois Monseñor: Hay algunos trabajos en los últimos años que no han terminado, y que no se terminarán, y todo eso, Monseñor, por la confusión que causan las frecuentes rebajas que se hacen en sus obras pues es cierto que todas esas rupturas de contratos, incumplimientos de palabra y renovaciones de adjudicación no sirven a Vos mas que para atraer como contratistas a los miserables que no saben donde tienen la cabeza, a los pillos y a los ignorantes, y para ahuyentar a aquellos que son capaces de dirigir una empresa. Yo digo más, y es que aquellos que retrasan y encarecen cuantiosamente las obras no son más que rufianes, porque esas rebajas y economías tan buscadas son ficticias, y por tanto son contratistas que pierden y, como un naufrago que se ahoga, se agarran a todo lo que puede: ahora bien, agarrarse a todo lo que se puede en el oficio de contratista es no pagar a los suministradores de los materiales, dar salarios bajos a los trabajadores, robar todo lo que se puede, tener a los peores obreros porque estos le ofrecen mejores tratos que los otros, usar siempre los materiales más baratos, buscar disputas sobre todas las cosas y siempre pedir misericordia contra esto y aquello. Y de ahí bastante Monseñor, para hacerle ver la imperfección de esa conducta; abandónela pues, y en el nombre de Dios, reestablezca la buena fe, pague el precio justo por sus obras y no niegue nunca el honesto salario de un contratista que sepa cumplir con su deber, este será siempre el mejor acuerdo que podréis hallar. En cuanto a mi, Monseñor, os quedo verdaderamente reconocido de todo corazón. Vuestro muy humilde y obediente servidor,
Vauban.
La ciudadela de Belle-île-en-mer
|
|
|
[home] [miscelánea] [construcción] [edificación] [arquitectura] [personajes] [la taberna de la sirena] [toma tu sombrero] [safety fast] [arriba]