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diego de sagredo
Diego de Sagredo (Burgos, c. 1490-Toledo, c.1528), fue un tratadista de arquitectura español que en siglo XVI divulgó la obra de Vitrubio, uniéndose así a la corriente renacentista, en su libro Medidas del Romano (1526). Fue además, arquitecto y capellán de Juana la Loca.
Los datos biográficos de Sagredo no están en absoluto claros, ya que tanto su nacimiento en Burgos hacia el año 1490 algunos lo sitúan en Yuclillos (Toledo), estando también oscura la fecha de su fallecimiento, de la que consta que ocurrió antes de mediados de 1528.
Nacido pues, hacia el año 1490, probablemente en la ciudad de Burgos, de familia modesta y de apellido antiguo perteneciente a linaje de cristianos viejos, sabemos que disfrutaba de una buena posición económica, lo que le permitió que el 19 de enero de 1512 los consiliarios del Colegio de San Ildefonso lo admitieran como camarista, entrando así en la Universidad de Alcalá de Henares, en la que se incorporó a un curso, según mediación del cardenal Cisneros. Como tal camarista, fue elegido para realizar un curso de gramática y tres de arte, en cuatro años, pudiendo asistir a clases impartidas por personajes como Antonio de Nebrija, Tomás Insausti, Ramírez de la Puente y el propio Juan de Herrera.
En 1515 se graduó como bachiller, según consta en los documentos entre los bachilleres examinados en la rectoría de Alonso de Portillo, maestro y mayordomo del colegio. El 14 de julio de 1517 firmó el último codicilo del cardenal Cisneros, como testigo, en su calidad de capellán del mismo. Sagredo acompañó al cardenal a Roa cuando éste iba al encuentro del nuevo monarca, Carlos I, y dónde murió. Muerto su mentor, en 1517, y hasta el año 1522, se pierde la noticia de las actividades y viajes de Sagredo, habiendo hipótesis que lo sitúan en Alcalá y posteriormente en Guadalajara, al servicio de Francisco de Mendoza, administrador de la Archidiócesis de Toledo, con quién huyó durante la guerra de las Comunidades (1520-1521); otras lo sitúan en Burgos, junto al canónigo Diego López de Ayala y otras incluso en Ávila. Aunque lo más probable es que viajase a Italia, visitando al menos las ciudades de Florencia y Roma, quizás acompañando a algún personaje ilustre en misión oficial, viaje que testimonia en su tratado.
En su más que probable periplo italiano, visitó el Baptisterio de Florencia, el Panteón, ruinas de Termas y la Basílica paleocristiana de Roma, obteniendo información, así como material gráfico en forma de apuntes sobre la arquitectura clásica, no haciéndolo, curiosamente, sobre la arquitectura de la época. Todo este material le sirvió como valiosa documentación a la hora de escribir su tratado.
Tras este periodo, en 1522 de instala en Toledo al servicio de la catedral, trabajando en obras de mantenimiento y reparación de la Casa Arzobispal, y desde allí también realizó obras en la Casa Arzobispal de Alcalá de Henares, en Burgos y en Valladolid. Hizo también obras de “arquitectura efímera” como son los monumentos para la celebraciones religiosas como el Corpus Christi.
En Burgos hizo el proyecto para el sepulcro del obispo Juan Rodríguez Fonseca, de cuyo diseño habla en su libro, aunque nunca llegó a realizarse. Conoció allí quien sería su amigo y protagonista de su tratado: el pintor del Condestable León Picardo. Conoció también en Burgos al maestro Felipe de Borgoña y con el “rejero” Cristóbal Andino, a quien Ceán Bermúdez llamaba “arquitecto en hierro”, todos ellos intervinientes en la Capilla del Condestable de la Catedral, de la quien también formaba parte Diego de Siloé.
En 1524 habiendo regresado de su estancia en Burgos, entró al servicio del recién nombrado arzobispo de Toledo, Alonso de Fonseca y Acevedo, quien a la postre sería un personaje fundamental para la memoria de Sagredo, ya que fue quien, conociendo sus trabajos y escritos procedentes del material recopilado en Italia, indujo a este a publicar su tratado. Con el mecenazgo del arzobispo, Sagredo ve publicado su libro el 2 de mayo de 1526 en el taller del impresor Ramón de Petras, habiendo obtenido anteriormente, el 15 de julio de 1524 Real Cédula por la que se le concedía licencia quinquenal para imprimirlo, y en la que se le calificaba de muy útil y provechoso a muchos oficiales de manos, especialmente a los canteros.
Distintas ediciones del Tratado de Diego de Sagredo
En este periodo de su vida, que a la postre sería el último, además de publicar su famoso tratado siguió ejerciendo el oficio de arquitecto y diseñador de monumentos efímeros y de aderezos de carretones para la entrada en la ciudad de la emperatriz doña Isabel de Portugal. Ostentó los cargos de bibliotecario y racionero de la catedral, y obtuvo la concesión del título honorífico de capellán de la Reina, por la mediación del obispo de Burgos Rodríguez de Fonseca, quien estuvo vinculado al servicio de Doña Juana la Loca.
Aunque una cédula de la Emperatriz entregada a sus sobrinas para el mantenimiento de los derechos de impresión de su tratado corrobora que el fallecimiento de Sagredo había tenido lugar con anterioridad al 5 de junio de 1528, no sabemos con exactitud cuando murió, puede que fuese ese mismo año, o bien en anterior, durante la epidemia de peste que asoló Toledo.
Lo que nos queda de Diego de Sagredo es su tratado, breve pero muy interesante, escrito en forma de diálogo, de gran éxito ya que entre 1526 y 1553 tuvo cinco ediciones en lengua castellana, a las que posteriormente le siguieron otras ilustradas con los dibujos de Sagredo en grabados en planchas xilográficas. También se tradujo al francés con otras cinco ediciones, la última en 1608.
La edición que yo he leído es la de 1564 editada en casa de Juan de Ayala, con el título: Medidas del romano o Uitruuio: nueuame(n)te impressas y añadidas muchas pieças & figuras muy necessarias a los officiales q(ue) quieren seguir las formaciones de las basas, colu(m)nas, capiteles y otras pieças de los edificios antiguos. El libro de Sagredo, está escrito en forma de diálogo entre el autor (familiar de la Iglesia de Toledo, el cual se dice Capelo) y un pintor llamado Picardo, es una obra en definitiva canónica, que recupera, analiza y clasifica las proporciones de la arquitectura clásica, al tiempo que hace algunas interesantes reflexiones sobre el oficio de arquitecto, y otros, en la línea de Vitrubio.
Como curiosidad, Sagredo hace una representación del famoso hombre de Vitrubio, que Leonardo da Vinci convirtió en un icono que todos conocemos, y que creo que es interesante comparar. Las proporciones son las que Vitrubio refleja en su tratado Los Diez Libros de la Arquitectura, pero la representación otra, sin duda sin la fuerza expresiva y genial de Leonardo, pero para mi es más entrañable, más nuestra.
El hombre de Vitrubio, según Leonardo da Vinci y según Diego de Sagredo.
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