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la ciudadela de la belleza




La modestia es la ciudadela de la belleza. Estas palabras de Demades (380-318 AC), son aplicables tanto a las personas como a los edificios y particularmente a algunos, como el objeto de este artículo, que han superado más de medio siglo de vida, modesta y silenciosamente, y cuya restauración, ha seguido las mismas pautas de sencillez y pureza con las que fue erigido, enseñándonos que su restauración requería no obstante, la misma dignidad que el monumento más conspicuo de nuestro patrimonio.

Según el diccionario de la Real Academia Española, un cebadero es el lugar destinado a cebar animales, cuando los animales que se ceban son cerdos, el lugar, además de cebadero también se puede llamar pocilga. El presente artículo trata de la restauración de una pocilga en desuso, y su adaptación para centro de visitantes. Una obra de restauración y rehabilitación, que además conseguir reutilizar un edificio obsoleto por el uso para un fin actual, pone en valor en sí mismo un ejemplo singular de la arquitectura andaluza en edificios de uso agrícola y pecuario, abordando la ejecución de la obra con toda la dignidad de la restauración de patrimonio.

El edificio objeto de la obra que describimos aquí está situado a orillas del río Guadalquivir en su margen izquierda al norte del núcleo de población de El Carpio, a unos 200 m. de la Ermita de San Pedro muy cerca de los restos arqueológicos del Castillo de Alcocer y de Las Grúas.




Situación del edificio, en el centro de la imagen, con respecto al núcleo urbano de El Carpio en la parte inferior. Las estructuras geométricas que hay a ambos lados del río son sendos campos solares recientemente construidos.

 

La descripción del entorno físico, la tomamos de la memoria del proyecto de restauración:

Situado en el camino de la Ermita de San Pedro, de El Carpio (Córdoba), en el paraje Buenavista también denominado terrenos de Alcocer, a la altura de los B.I.C. del Castillo de Alcocer y del Molino de “Las Grúas”, junto a la margen izquierda del río Guadalquivir al paso por la localidad de El Carpio. La denominación Alcocer, antigua población  del Carpio, es palabra derivada del árabe Al-Coçair que significa alcazaba pequeña, derivación moderna de alcázar, según documentos del s.XVIII.
Tanto el edificio actual como la parcela sobre la que se ubica se encuentran enclavados en Suelo No Urbanizable de Especial Protección denominado “Vega del Guadalquivir”, conforme la Normas Subsidiarias vigentes para el término municipal de El Carpio.
La Vega del Guadalquivir de creciente anchura desde Jaén a Sevilla, cuenta con el nítido cierre montañoso de Sierra Morena por el norte y la, por lo general, suave caída meridional de las campiñas, sustituidas, tras la confluencia con el Genil en Écija, por altos niveles de las margas campiñesas y creando característicos escarpes o "torronteras".
Los grandes predios de los cortijos ribereños, sobre todo en la margen izquierda, contrastan con el parcelario regular y atomizado de los poblados de colonización, intercalados en las "zonas regables" entre pueblos y agrovillas, éstas últimas, cabeceras de puente emplazadas frecuentemente sobre terrazas bajas para evadir las crecidas del río.
Una circunstancia geográfica que ha intervenido de forma decisiva en la configuración y en la dinámica del paisaje de la vega es la conjunción de la bondad de sus suelos aluviales con la disponibilidad de agua para el riego, procedente tanto del Guadalquivir como de sus afluentes, sobre todo de los de Sierra Morena, de cuyos embalses se abastecen una serie de "zonas regables", ubicadas mayoritariamente en la margen derecha del río.
El paisaje de la vega del Guadalquivir se caracteriza, de hecho, en sus bases estructurales, y sin entrar en matices locales y comarcales, por el contraste entre los grandes predios regados de los cortijos y dehesas preexistentes a la llegada del riego, el minifundio de regadíos tradicionales en torno a los puebles, y el parcelario regular y atomizado de los geométricos poblados de colonización intercalados en las "zonas regables" entre pueblo y agrovillas.
Además de los propios elementos protegidos que hay en la zona, existen también en el entorno algunas otras edificaciones: la Ermita de San Pedro, la Casa del Plantel con sus huertas y edificaciones rurales vinculadas a la explotación agrícola de la finca, todas de una planta de altura. Estas edificaciones presentan además algunas construcciones anexas.






Entorno del BIC Las Grúas, con el edificio en el centro, marcado en rojo.



En el entorno también se localizan parte del yacimiento de La Capilla y del Plantel: En el primero no se descarta la existencia de un asentamiento andalusí relacionado con el Castillo de Alcocer, aunque parte de los fragmentos encontrados puedan proceder de vertidos secundarios; el del plantel, limitado por un conjunto de muros y tapias de implantación rectangular, podría corresponder con el asentamiento almohade Al-Qusayr.

La zona está destinada a uso recreativo vinculado a la Ermita de San Pedro, junto a la cual existe una zona reservada a aparcamiento cubierto con chapa metálica ondulada sobre estructura metálica, dos zonas para caballistas protegida con cerca de madera, al noreste y su suroeste del entorno, y una zona de descanso arbolada, con pinos en su mayoría y naranjos dispuestos sobre una trama sensiblemente ortogonal y eucaliptos circundantes, de pequeño porte al sur de la Ermita y de mayor porte en el promontorio del castillo. Completa la reforestación unas palmeras de mediano porte en la margen este del camino de San Pedro.
El resto de los terrenos pertenecientes al entorno se destina a cultivo herbáceo en regadío, con una escasísima intromisión del olivar que se explota que al sur del primer camino que parte del Camino de San Pedro.







El edificio en su entorno: 1- Las Grúas, 2- Castillo de Alcocer, 3- Ermita de San Pedro y 4- El Cebadero. En la segunda imagen, la autovía A-4, nos da una buena referncia de la situación. Al fondo el el Molino de San Fernando, una hacienda del S. XVIII, catalogada en el IAPH:



El entorno, por tanto, donde se enclava el edificio existente objeto de la actuación es un entorno rural, terreno denominados de “Alcocer”, cercano al núcleo principal de El Carpio, cerca del paso de la Autovía (antigua N-IV) y junto a la margen izquierda del río Guadalquivir, en donde confluyen una serie de infraestructuras agrarias propias de este medio rural, como son la vereda de “la Barca” (coincidente con el camino de la Ermita de San Pedro, de 20,89 m de ancho y deslindada –BOJA nº 22, 30-Ene-2007, pg. 54–) y el descansadero-abrevadero de ganado que se sitúa justo enfrente del edificio del cebadero al otro lado del camino.
Es de destacar en la zona, a unos 80 m. del cebadero y en la misma margen del río Guadalquivir, la construcción hidráulica denominada “Las Grúas”, antiguo molino del siglo XVI de carácter eminentemente funcional, del que existe ya proyectada una actuación para su restauración y puesta en valor.

“El ingenio hidráulico es un complejo edificio de carácter netamente funcional cuya
finalidad era proporcionar agua para el riego, mediante la elevación de la misma desde el  cauce del río Guadalquivir, a los cultivos de de los terrenos circundantes. Esta particular forma de regadío tiene una honda tradición en la historia. De época romana datan los primeros ejemplos, aunque tal acciones alcanzan su máximo auge y desarrollo, prosiguiéndose su utilización durante el bajo medioevo y Edad Moderna.”




Este monumento descrito en la memoria de forma prolija, está declarado BIC desde el año 1985, y por consiguiente hay que tener en cuenta su entorno que abarca los monumentos antes descritos, así como el propio cebadero.





Vista del edificio desde el lado sur. La foto está tomada desde el montículo del Castillo de Alcocer, y me gusta especialmente puesto que se puede ver al fondo la Central de El Salto, destacándo sus dos cupulas blancas, obra del arquitecto Casto Fernández-Shaw en colaboración con el ingeniero Carlos Mendoza de 1922.




En cuanto a su ubicación en la historia, en la citada memoria del proyecto de ejecución nos encontramos las siguientes referencias históricas:


Se parte, por tanto, de un edificio existente, procedente de un cebadero de animales de labor
del siglo XVIII, de una sola planta con tres naves abovedadas formando una U.

El edificio existente objeto de la presente actuación procede de un cebadero del siglo XVIII, creado originalmente para dar de comer a los animales de labor.

Sin embargo, las tipologías constructivas que más adelante analizaremos no corresponden a esta época, sino más bien responden a técnicas y materiales que habría que situar a mediados del siglo XX. Para confirmar esta hipótesis recurrimos a las ortofotos REDIAM de Andalucía de los años 1956 y 1977, que confirman que el edificio se construyó en ese período, siendo lo más probable que se hiciese a finales de los años 1950, fecha en la que aproximadamente debemos situarlo.






Comparación entre las ortofotos panorámicas de Andalucía en vuelos de 1956 y 1977. En la primera imagen no existe el edificio, que está dónse se ha señalado su silueta.




Se trata de un edificio de una sola planta que ocupa una superficie en planta de 713,63 m2, y está formado por una sola nave en forma de U de unos 400,00 m2 de superficie que cierra por tres lados un patio cuyo cuarto lado está limitado por una tapia con la cancela que da acceso al conjunto. Forma parte también una pequeña edificación anexa que alberga una antigua báscula, a la que se accede desde el exterior junto a un muelle de carga.



 






En el momento de empezar a ejecutar las obras (2011) constatamos que está destinado a almacén de aperos de labranza, aunque su uso ha sido abandonado puesto que su propietaria, la Duquesa de Alba, lo ha cedido al Ayuntamiento de El Carpio, y actualmente se encuentra en estado de semiabandono tal como muestran las fotografías tomadas antes del comienzo de las obras.





Estado de uso del edifico antes de comenzar las obras, como se aprecia, salvo elementos puntuales, se trata de una mezcla de residuos o material y maquinaria obsoletos.






Estructuralmente se compone de muros de ladrillos de dos pies de espesor, asentados sobre una cimentación de zanjas corridas rellenas de hormigón ciclópeo. La cubierta se soluciona con bóvedas tabicadas de sección semicircular de tres roscas de ladrillo cuyos empujes horizontales en las cabezas de los muros de carga son compensados por tirantes de hierro.



Aspecto de la nave suroeste durante el proceso de picado de revestimientos. Las fábricas de ladrillo en general estaban en muy buenas condiciones.


Los muros de ladrillo componen el cerramiento de fachada, que no tiene revoco exterior y sí guarnecido interior con mortero de cal, y en algunos tramos de los zócalos de cemento. El suelo de las naves de de hormigoncillo sobre el terreno natural con un espesor de unos diez centímetros, muy irregular pero de buena resistencia. Esta solera tiene una acusada pendiente, en sentido de las agujas del reloj, siendo su punto más bajo la esquina este del edificio, ya que allí se encuentra la antigua salida de las aguas con destino a una balsa de purines.


La cobertura está ejecutada con teja cerámica curva, como es tradicional en esta zona de Andalucía (en la mayor parte de la provincia de Córdoba) se utilizan tres tipos de teja: la canal y la cobija, de diferente anchura, y unas tejas con mayor curvatura que corresponden a las primeras hiladas del alero. La pendiente es del 43%.


Los huecos de ventanas están cerrados por un tipo de carpintería sin vidrio y con rejas. Existe una cancela de acceso al recinto de acero. El edificio no cuenta con ninguna instalación, ya que tiene una acometida eléctrica y un cuadro, pero es utilizado para otra instalación en la finca. Tampoco tiene instalación de saneamiento ni de abastecimiento de aguas.


El objeto de la restauración es la recuperación del edificio y su adaptación. Se trata de adaptar la edificación aislada existente, de una sola planta, ubicada en un medio rural agropecuario de la localidad de El Carpio, para dedicarla a un uso público para recepción de visitantes del B.I.C. del molino de “Las Grúas”, situado a escasos 60 m. del edificio del antiguo cebadero que es el objeto sobre el que se actúa. El edificio objeto del presente proyecto se encuentra en el ámbito de delimitación del B.I.C. del mencionado molino, por lo que hubo de ser informado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, España.


Los elementos arquitectónicos que cabe destacar en la restauración son: las cubiertas, la solera, el acerado perimetral, el tratamiento de muros, la reconstrucción de los huecos con arcos capialzados y el patio.


Las cubiertas del edificio están formadas por faldones inclinados con cobertura de teja cerámica curva con una pendiente del 43 %. El tipo de teja es el que tradicionalmente se ha colocado en la provincia de Córdoba, con una clara diferenciación de la teja canal y la cobija, mucho más ancha la primera que la segunda. En las cobijas se utilizan dos tipos de teja, una sencilla con poca curvatura que cubre el grueso de los faldones, y otra más elaborada y de mayor curvatura para la terminación de los aleros. La cobertura se apoya en un relleno de barro enriquecido con cal sobre el trasdós de las bóvedas. La pequeña edificación que cubre la báscula está cubierta por una sencilla estructura de madera “a la molinera” con entrevigado de fibrocemento. Las cubiertas se reparan en su totalidad, ya que muchas tejas están deterioradas, rotas o simplemente desgastadas, reponiendo las necesarias con material de las mismas características. La cubierta de la báscula se repara en su totalidad sustituyendo el entrevigado por un tablero de madera, aislante e impermeabilización bajo las tejas.





La cobertura de teja fue reparada por completo, aportanto un 40% de material.


La solera interior de hormigón está ejecutada sobre el terreno natural, su superficie es irregular y presenta una pendiente muy acusada recorriendo la “U” que forma las naves en sentido de las agujas del reloj, ya que en la esquina nordeste del edifico se situaba la salida del saneamiento único del edificio, que conducía el purín de los animales hacia una balsa para su tratamiento. Se ejecuta una nueva solera con tratamiento superficial de la misma, sobre un encachado de grava, y se dejan previstas las instalaciones eléctricas y de comunicación en la misma. La terminación se efectúa en tono rojizo, acorde con el resto de elementos del edificio.




Encachado de grava durante la fase de ejecución de la solera.


Las naves están constituidas por dos muros de carga que de fábrica de ladrillo de dos pies de espesor que conforman también los cerramientos de dichas naves, y sobre los que descansa la bóveda de cañón que cierra el espacio de cada nave y sobre la cual se apoya una cubierta de tejas. Para evitar empujes laterales ocasionados por la bóveda existen, en el interior, tirantes metálicos de barras lisas de acero situados a unos 2’70 m. desde el suelo y espaciados cada 2’00 m. En estos muros se han abierto nuevos huecos, cerrado otros, y reformado y relabrado en su guarnición todos, formando algunos nuevos arcos, y dotando de carpinterías todos los que no tenían (originalmente el edificio no las necesitaba), y cambiando todas incluyendo vidriería, y conservando los postigos. El tratamiento interior se hace a base de guarnecido y enlucido de yeso con una pintura transpirable y el exterior con un enjalbegado de cal.






Previo al enjalbegado de los paramentos exteriores, se han de reparar todos las guarniciones de los huecos, cambiando los cargaderos, y reponiendo las únicas zonas que en origen tenían revoco, que se hace con mortero de cal aérea y arena de río.



Sobre el enjalbegado hay que decir que es el tratamiento tradicional que siempre han tenido en Andalucía las fábricas de ladrillo y de tierra (tapia o adobe) y que, aparte de procurar una terminación adecuada y de una estética que identifica nuestra arquitectura, servía y sirve como perfecta protección para este tipo de fábricas ya que es siendo impermeable al agua no lo es al vapor de agua, lo que permite que las fábricas transpiren evitando las condensaicones interiores y procurando una gran durabilidad de los elementos constructivos que protegen. Como quiera que hay mucha confusión sobre este término confundiéndose muchas veces con otro de reciente y espuria formación: “enjabelgado” que nace simplemente de una errónea pronunciación del término para quien no lo conoce, y que además, abundando diabólicamente en este solecismo, pretende asignarle una suerte de etimología rocambolesca diciendo que proviene del término “jabelga” que se quiere definir como una especie de mezcla de cal con algún otro material, pretendidamente tradicional. Nada de eso existe más que en los tratados de construcción poco rigurosos, siendo el término correcto “enjalbegar”, que proviene del latín vulgar “exalbicare”, es decir que a su vez proviene del término latino albus, albi o incluso albor, alboris, que hacen referencia al color blanco. No sería extraño que la etimología estuviera relacionada con la misma que “cal”, aunque no se reconoce como tal en los manuales consultados. Sin embargo lo que es inequívoco es la confusión introducida actualmente con los que erróneamente usan los términos “enjabelgar” y “jabelga”, uso tan pernicioso en el lenguaje como el del uso de la cal hidráulica en las obras de restauro, y que a veces encontramos al alimón en los mismos textos.

Tras esta necesaria digresión, volveré a comentar el tratamiento que es un sencillo encalado con una lechada de cal aérea, a la que tradicionalmente se le suele añadir una pizca de colorante añil, para que hacer más brillante el aspecto blanco de la fachada tratada. Este colorante se utiliza en algunos casos de forma más exagerada en el norte de Marruecos, cuya arquitectura tradicional es la misma que la andalusí, y tiñe verdaderamente sus fachadas no ya de un blanco luminoso y azulado, sino de un verdadero azul.





El enjalbegado es el tratamiento tradicional que siempre han tenido en Andalucía las fábricas de ladrillo y de tierra. El blanco debe aparecer luminoso, como se aprecia en esta imagen.



En cuanto a la pavimentación, se ejecuta un acerado perimetral con terminación de canto rodado, una vez saneado el perímetro y eliminada la colonización vegetal del mismo.







El edificio se dota con instalación eléctrica, de comunicaciones, de alarma, audiovisual, de fontanería y de saneamiento incluyendo una depuradora de oxidación total, así como el resto de elementos como carpinterías y otros necesarios para su uso.
El único elemento que se trata como una obra nueva es el patio, con la lógica de su uso. Se utilizan para ello materiales tradicionales como son el granito, la madera y el albero, aunque su disposición hace reconocible que se deriva de una intervención actual. Además de eso se siembran especies de plantas tradicionales en los ajardinamientos andaluces: palmeras, naranjos y arbustivas como el jazmín y otras.







Como elemento singular del edificio así como para que quede como vestigio del uso pecuario del mismo, se conserva la báscula de plataforma de madera, que se restaura, liberando su movimiento y recuperanto todos sus elementos.








Se dota de iluminación con modernos proyectores de LED que contribuyen a reducir el consumo de energía, cuidando la colocación de éstos en el pavimento de granito, como muestran las siguientes imágenes:




Con una broca de corona (1) se taladra la baldosa de granito, y se coloca  el soporte de plástico de la luminaria (2) que se fija con resina epoxi por la parte inferior de la  baldosa (3), sellando la parte superior con lechada de cemento (4). Sobre el alojamiento previamente dejado de la luminaria (5), se coloca la baldosa dejando salir el tubo de alojamitneo de los hilos (6) y tras esto se introducen los hilos y se sellan las uniones con manguitos termosoldados (7), atornillando finalmente la luminaria (8).


La obras se entregaron el 29 de junio de 2012. Incluimos aquí algunas imágenes de la obra finalizada.














 JUNIO 29, 2012  |  © carlos baron















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