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ex corde
La expresión latina que da título a esta breve página, puerta a otras, ex corde, está tomada del bajo latín antiguo, y que aunque literalmente significa de corazón, en realidad, en la Regla de San Benito de la que está extraída significa de memoria, y se refiere a la forma de cantar de los monjes en el coro, ya que ellos aprendían de memoria las obras que habían de cantar ante la dificultad que ofrecía la lectura de la complicada notación musical antigua. Para los hombres de la Edad Media, la inteligencia residía en el corazón (la memoria, por tanto), y así está expresión es análoga a la castellana "de coraçón", y que en otros idiomas también encontramos con el mismo valor (by heart, par coeur, o de cor). Una expresión francesa que corrobora este hecho es la que dice "savoir par coeur a savoir par livre", es decir, contrapone saber [cantar] de cor a saber [cantar] de libro. Esta expresión, de cor, da origen tanto desde el punto de la construcción lingüística, como desde el punto de su significado, como hemos visto, entre otros, al vocablo castellano, recordar, y también como no, de cor, a coro.
Decía San Agustín: Qui bene cantat, bis orat, y probablemente se podría decir también que es doble todo lo que se hace en cuanto al canto: si desde el punto de vista musical, a la expresividad propia de la música se le añade la palabra, es decir, la expresión de la inteligencia humana —el hombre piensa, luego habla—; si desde el punto de vista literario —poético—, a la natural musicalidad de un texto en verso se la añade auténtica música, con todo lo que ella conlleva. Además, como todo instrumento condiciona la creación de la música, el que lo condiciona en este caso es la voz humana, y yendo más lejos, hasta el idioma. También un buen texto para ser cantado tiene que estar construido pensando en esto. Música y palabra en unión, son más que dos cosas.
El canto, además tiene tantas facetas como cualquier otra actividad humana, siendo en este sentido tan singular como genérica. El canto está presente en todas las culturas, en toda la historia y en todos los niveles de desarrollo de la humanidad.
El canto que un día me interesó a mí como actividad personal, enriquecedora, es el canto coral. Quizás me pasó como a mi insigne antecesor en la profesión y principal artífice de El Escorial, Fray Antonio de Villacastín que cuando profesó en la Orden de San Jerónimo, en la Sisla de Toledo, eligió el cargo de corista, porque —decía él— que si acaso algún Prior no le ocupase en ningún oficio, pudiese servir de algo estando cantando en el coro. La Música coral es, como se sabe, la música cantada por un grupo de personas que la interpretan como una unidad, entendiendo que hay dos o más personas por cada voz, y casi por antonomasia, el canto polifónico o canto a varias partes. Este tipo de canto, tal como actualmente se conoce, tiene sus raíces más importantes en el siglo VI, cuando el Papa Gregorio I, estableció sus escuelas de canto, que tenían como finalidad asegurar la correcta interpretación de los cantos litúrgicos, y que a partir de los siglos XVI y XVII rebasa los límites eclesiásticos, y posteriormente, con los grandes compositores (Bach, Haendel) se incorpora a las obras orquestales, al principio como acompañamiento coral y después como parte fundamental en algunas composiciones, se sustituyen las voces infantiles de soprano y contralto por voces femeninas, se desarrolla y forma parte imprescindible de óperas (y zarzuelas en España). En el siglo XX, la Música Coral adquiere tanta relevancia que la mayoría de los grupos corales importantes se tienden a especializar es estilos o compositores específicos.
La música coral tiene además otra faceta, nada desdeñable: la del trabajo en equipo. Un coro es un equipo humano, cuya organización e interrelación entre sus individuos es tan significativa como cualquier otro, ya sea deportivo, laboral, político, etc. Un coro esta, o puede estar, formado por hombres, mujeres y niños —voces—, y en su conjunto todas individualidades son tan importantes como el todo, todos son tan importantes como el conjunto. En un equipo el que tiene más talento es importante porque es el más aporta, el que tiene menos talento es importante, porque de su progreso depende el nivel del grupo, y los demás están en una y otra medida en alguno de los lados. Me gusta pues, trabajar en equipo, jugar en equipo y cantar en equipo.
Ser aficionado a la música entiendo que es ser aficionado a escucharla, y el paso siguiente ser melómano, presupone un punto de entendimiento, o de erudición, de la misma. Cantar en un coro supone ser aficionado a practicarla, además de una dedicación, sistemática, a dicha práctica. Esta dedicación a la práctica, al ser esta en equipo, supone un compromiso con el resto del mismo. Como carezco de talento musical y de la adecuada preparación académica, lo único que me queda pues, es afición —y entusiasmo—, aunque en mi familia no faltan los ejemplos musicales, ya que sin ir mas lejos mis tres hermanos, Pablo Barón 8, Manuel Barón y Rafael Barón son músicos profesionales.
Esta afición me ha llevado a practicar el canto polifónico actualmente en el Orfeón Universitario de Málaga 8 a cuya cuerda de tenores pertenezco desde diciembre de 2004, anteriormente pertenecí a la Coral Santa Cecilia de Rincón de la Victoria, Málaga. 8
He aquí los enlaces de otras corales de Málaga:
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